¿El integrismo empieza cuando estalla la bomba o cuando se paraliza la razón?

El fundamentalismo designa un fenómeno moderno (una forma de rechazo a las consecuencias secularizadoras de la modernidad, pero surgido desde la modernidad tecnológica), mientras que el integrismo promueve una respuesta tradicionalista. En ambas palabras y en lo intrínseco de las mismas, tanto el integrismo como el fundamentalismo atentan contra la tolerancia. De ese modo entenderemos que cualquier persona fundamentalista o integrista, son personas intolerantes.

El integrismo en si por querer defender su postura pura y ortodoxa en lo que considera la propia tradición, religión, política o cualquier otro ámbito, se convierte en corriente discriminatoria y por tanto intolerante incompatibles con los principios de libertad, tolerancia, igualdad y fraternidad a los que anula y  castra como bien común, ya que la defensa de lo personal se posiciona sobre la defensa de lo plural. Aunque muchos particulares se unan para formar un movimiento plural, no deja de ser discriminatorio e intolerante.

No se puede ser un ciudadano librepensador si se exige conformidad a una Biblia, credo o Mesías. Para la mujer o el hombre librepensadores, la manifestación divina y la fe no son válidas y la ortodoxia no es garantía de verdad, por tanto estarán en contra de cualquier manifestación integrista, o fundamentalista sea de la índole que sea, incluso dentro de la propia orden masónica.

El dogma es el que paraliza la mente, la razón. Pensar, reflexionar desde una idea, desmembrándola en sus proposiciones lógicas es un razonamiento. La razón es una herramienta del pensamiento crítico que limita la verdad de una afirmación de acuerdo a las pruebas estrictas del método científico. Para que una afirmación pueda considerarse como cierta debe ser comprobable.

Los ciudadanos librepensadores siempre han sido humanistas, y basan la moralidad en las necesidades humanas, no en “absolutos cósmicos” imaginarios. Esto incluye respeto a nuestro planeta incluyendo a los otros animales, y los principios feministas de la igualdad.

Por tanto el integrismo está desterrado de la mente de una persona librepensadora, del mismo modo que lo está el dogmatismo, y como masonas y masones para luchar contra este candado de la mente tenemos las herramientas de la razón, la fraternidad, y la libertad de pensamiento que son las que nos tienen que acompañar siempre. No es solamente que no se gane nada creyendo algo que no es cierto, sino que también se tiene todo que perder cuando se sacrifica la herramienta indispensable de la razón en el altar de la superstición.

La religión ha servido y se sigue utilizando como justificación histórica de guerras, esclavitud, sexismo, racismo, fobia a los homosexuales, mutilaciones, intolerancia y opresión a las minorías. Y el totalitarismo de los absolutos religiosos ahoga el progreso y la mente libre. Además los librepensadores apoyan la separación de estado e iglesia, por tanto lideran la Laicidad.

En el siglo que nos ha tocado vivir el integrismo nos acosa por muchos canales más o menos subliminales. Todos nos dicen que, como y cuando debemos pensar y que cosas hacer. Mientras la sociedad es una réplica de todos estos dogmas, mientras lo importante es poseer las cosas  antes de reflexionar cuales necesitamos, o cuales son manipulaciones, estaremos actuando como integristas en la sociedad actual.

El integrista tiene la certeza interior de una perfecta ortodoxia que se refuerza fácilmente con una certeza del estado de gracia y la predestinación en el que cree encontrarse. Para el integrista nada es dudoso, todo es fácil y claro. Está en el buen y único camino. Y tiene la verdad en el sentido posesivo de tener. El integrista  exhibe una actitud desdeñosa contra quienes ven la realidad más compleja. “Esos intelectuales…”, “qué ganas de calentarse la cabeza”. Es manifiesta su incapacidad para el diálogo. No dialoga, monologa cuando no reza. No reconoce errores ni faltas y siempre tienen razón. “Santa palabra”, dicen muchos. Y punto. No buscan persuadir, sino intimidar. Los guerreros de Cristo o Alá y hasta del Capital son soldados heroicos y dispuestos a todo. Minusvalorando la capacidad humana de responsabilidad y libertad, desean salvar a los demás de sí mismos y no escatiman en artillería pesada o carne humana para conseguir sus objetivos.

Ya lo decía Sardá i Salvany antes que Bin Laden, allá por el 1800: “El liberalismo es pecado”. Y así hasta la fecha.

Desconocemos la violencia y agresividad subterránea y no manifiesta del integrismo hasta que la bomba no estalla y las esquirlas se incrustan en las conciencias.

Los dogmas puede que hayan cambiado, puede que ahora el dogma se centre en otras cuestiones que no son religiosas, si no consumistas, económicas, de parecer o tener más que de ser. Y esto también es una bomba que puede estallar en nuestras manos, como así parece que ha ocurrido en esta última crisis mundial económica. Se nos congeló la razón. Algunos prefieren cambiar la razón por la guía espiritual  que ha llegar desde el exterior como un ángel salvador de nosotros mismos.

El integrismo empieza cuando congela el pensamiento y por esa razón, se encuentran miles de excusas para hacer explotar una bomba, siempre en nombre de algo, de alguien o de lo que una cree que es lo único.,

La masonería dispone de un método para poner en tela de juicio cualquier dogma que se nos presente. Es una escuela de formación del ciudadano y además promulga la razón y la laicidad. Es mediante su método por el que una persona puede convertirse en librepensadora. Es su exteriorización la que puede enviar una luz en el fondo oscuro del pozo del fanatismo y el dogmatismo integral.

Pero todo esto no es nada nuevo sino la historia que se repite y parecemos estar de nuevo condenados a repetirla.

Después de la segunda guerra mundial surgió una nueva idea de crimen. El crimen contra la humanidad, contra los derechos humanos, o contra la esencia misma de la humanidad.

La expresión «banalidad del mal» fue acuñada por una filósofa judía alemana, Hanna Arendt, para expresar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se preocupan por las consecuencias de sus actos, sólo por el cumplimiento de las órdenes. La tortura, la ejecución de seres humanos o la práctica de actos «malvados» no son considerados a partir de sus efectos o de su resultado final, con tal que las órdenes para ejecutarlos provengan de estamentos superiores. No se han encontrado traumas o cualquier desvío de la personalidad que justificaran los actos de los verdugos del holocausto judío. En resumen: eran «personas normales», a pesar de los actos que cometieron. Nos demuestra  que un hombre ordinario, “normal”· sin  odio  y sin ideología  está más próximo a la sumisión  delante de cualquier autoridad y si esta se lo ordena puede cometer daños irreparables.

Hanna Arendt le reprocha a Eichmann de no haber pensado, de tener paralizado el pensamiento, no disculpa a Eichman de las monstruosidades imperdonables cometidas, pero él afirmaba que creía cumplir con su deber, que aceptó las consignas sin pensar. También al pueblo alemán se le reprochó su complicidad con el holocausto por haber sido condescendiente, por haber diluido la responsabilidad individual en la colectiva.  Este fenómeno personificado en Eichman y que ella denomina la banalidad del mal es un nuevo concepto que cuestiona  esencialmente la naturaleza humana, donde deja patente lo inhumano que arrastramos cada uno de nosotros.

Las masonas sabemos de la complejidad de la condición humana y también de la responsabilidad social y personal, debemos saber acerca de esto. No nos es indiferente el contexto histórico y social en que se producen fenómenos como el integrismo. Es importante estar alerta y colaborar mediante la participación en la sociedad y en los foros  necesarios para contribuir de alguna manera a que esto no ocurra.

Dicho esto, se puede pensar que el integrismo empieza en el instante mismo que se decide tirar la bomba, en el instante mismo que se decide limitar los derechos de las personas a ser lo que quieran ser, pensar lo que quieran, expresarse como quieran, vestirse como les dé la gana y todo esto siempre y cuando esté adornado bajo el manto del bien común.

Aunque pese a quien pese el ser humano crece y aprende, El integrismo va más allá de las bombas de los fundamentalistas islámicos, vive en las calles, en la ropa, en la tele y nos recuerda que si no somos de una cierta forma viviremos como marginados. No hay una forma correcta o incorrecta de ser, no hay un nosotros y un ellos, lo que debe existir es la tolerancia y el vive y deja vivir.

El claro ejemplo de que esto es posible, queda latente en la naturaleza, ella se regula sola, todo funciona en perfecta armonía sin que haya necesidad de controlar hasta el más mínimo aspecto de las cosas por miedo a lo que pueda pasar. Podemos vivir en armonía, sólo hemos de entender que para ello hemos de aprender a respetarnos unos a otros y a dejarnos espacio para ser quien queremos ser.

Pero, ¿La ignorancia es la tierra de cultivo de las sociedades sometidas a los autoritarismos? Nosotros que tanto valoramos el saber, el conocimiento y la razón sabemos que la ignorancia  no es tanto fruto de la incultura, hay muchas personas  cultas con carreras y masters, tan integristas en su razón como el que es presa de la ignorancia, unos por defecto y otros por exceso se aferran a su verdad, a su realidad, cada una basada en cosas distintas, puede ser Dios en unos casos o la razón científica, económica etc.…en otros, no hay nada peor que un alumno que no quiere aprender y un maestro que ya lo sabe todo.

Y una vez que se congela el pensamiento, sea cual sea ese punto, el de la ignorancia total o el de la maestría absoluta, el integrismo campa a sus anchas. Cada parte defiende su razón sin admitir argumento alguno que sea distinto del propio, se defiende lo que se sabe verdad, unos son más manipulables por su ignorancia pero a su vez son manipulados por gentes inteligentes presas de sus limites mentales y morales, por la seguridad de que la suya es la verdad, pues la avala el saber absoluto. La desvalorización por parte de los individuos, el temor a las represalias, la inhibición de la acción, la pasividad social y la paralización de la mente contribuyen al integrismo.

Pero ¿cómo se enfrenta una ideología frente a un rifle? O cómo se enfrenta a razón a la fuerza y la violencia? Son dos niveles de discurso. El primero puede mover a las masas, modificar mentes y alentar esperanzas, pero estas son aplastadas por el contundente peso de las armas.

La historia tiene sus momentos claves, o momentos de maduración o sorpresa, en donde pueden surgir un cambio en la mente de todos y crear una nueva forma de acción. Excepcionalmente hemos sido sorprendidos por los acontecimientos surgidos en el mundo árabe, países de descendencia política opresora  que no han conocido mas que el colonialismo y las dictaduras tuteladas por la antigua unión soviética, están luchando encarecidamente por resurgir a una democracia, para conseguir lo que el pueblo no ha tenido nunca, el derecho a decidir.¿ Pero estas revoluciones son realmente liberadoras? Aceptamos la visión de que el pueblo sin tener nada que perder, despojado de familia, trabajo y ninguna riqueza y su libertad se auto inmola y esto es un acto liberador? Son la antesala de una democracia aunque sea imperfecta? O son más bien un preludio de formas de gobierno más integristas y fundamentalistas? Irán también tuvo su revolución. Que trajo un estado teocrático, la máxima expresión del integrismo religioso.  En Túnez ya se ha levantado la prohibición de uso del velo islámico en centros públicos  y todos los viernes los habitantes de Túnez, Egipto, Libia salen a rezar juntos a las calles. Quien dijo que la liberación de estos países pasaría por la separación de la religión y el Estado?  No olvidemos que  el triunfo ha sido porque el poder militar ha estado al lado del pueblo, otra vez el poder de las armas.

Es particularmente injusta e intolerable la situación de las mujeres. Afganistán fue invadido esgrimiendo entre otras razones la terrible situación de las mujeres. ¿Quién se acuerda de ellas ahora? No es extraño que las mujeres estemos hartas de que se nos utilice como objeto sexual, botín de guerra o razón para empezar una.

Todos los integristas, sean musulmanes, judíos o cristianos,  tienen algo en común: están unidos en la tentativa de crear la división, la lucha, el racismo y el sexismo. De “congelar los espíritus” más que los pensamientos creando un enemigo imaginario.

Contra el pensamiento congelado hay que actuar con AUDACIA. Romper esta parálisis “cerebral”, o acabar con el “pensamiento congelado” que es lo mismo, exige desmantelar estas inercias del pensamiento, no sólo con otras ideas que las refuten, sino con una mirada y una actitud diferentes. Esta última idea es bastante cercana a lo que significa la masonería para nosotras. Educación y aprendizaje. Este esfuerzo, no puede ser individual aunque no debemos olvidar el compromiso personal, sino producto de colectividades. No puede ser solamente discursivo como estas líneas. Requiere la interacción entre narrativas y acciones ejemplares. Requiere audacia y más audacia.

El integrismo es en sí mismo una bomba. Una bomba genera integrismo, como el integrismo genera un pensamiento congelado y así hasta el infinito. Es una estructura circularmente “triangular”.

Pero qué hacer en un mundo de diseño en el que encontramos obstáculos por doquier que nos impiden un juicio crítico? Nos ofrecen información “chatarra” que degustamos como el mejor manjar para nuestro cerebro. Incapaces de discernir nuestro “alimento” acabamos también por hacer una equivalencia entre complejidad y excelencia. Cuanto más complejo sea algo, aunque no lo entienda debe ser muy bueno. No nos olvidemos de que en la sencillez está muchas veces la esencia de las cosas.

Los masones no sólo somos un tanto escépticos gracias a Sócrates sino también por aquello de que la historia la escriben los vencedores, además tratamos de experimentar la extensión de  esa máxima a todos los aspectos de nuestra vida. Dudar, cuestionar todo para contribuir a una sociedad más crítica y más activa. Y puestos a dudar preguntarnos, en algunos ámbitos, ¿no es  la ciencia una nueva religión?  No deberíamos tomar conciencia de las limitaciones de los científicos y sus métodos? Esto incluye entender cuales son las limitaciones del pensamiento y la percepción humana, pero también prejuicios, creencias, actitudes e incluso cuestiones económicas, sociales y de género que están incidiendo. La ciencia también tiene ideología dicen algunos. Utilicemos la ciencia para despertar conciencia dicen otros.

Vayamos más lejos. ¿Acaso teoría y científica son sinónimos de Verdad?. También deberíamos tomar con mucha cautela la palabra “demostrar”. La física no es la Realidad y la biología no es la Vida ni la psicología es la Mente. El resultado de todo esto es más preguntas y nunca encontraremos un refugio seguro en este resultado, por suerte para nuestra salud mental.( Por tanto, lo que se dice “a cubierto”, solo en nuestros talleres) ¿El método científico e intelectual  es la única vía válida para el desarrollo humano?

Intuir, soñar, gozar, escuchar, observar, meditar y reflexionar, amar, observar son verbos que descubren procesos complementarios al pensamiento lineal. También sabemos que las relaciones son dialécticas de manera intrínseca. No son ni lineales ni dogmáticas…Las mujeres particularmente sabemos mucho de eso, de ahí la peculiaridad de nuestra filiación masónica.

Lo más importante es la  LIBERTAD, ya sea ideológica, cultural, social etc. La ausencia de discriminación culmina nuestras aspiraciones de IGUALDAD entre todos los seres humanos y el enriquecimiento mutuo de nuestras diferentes peculiaridades. Para así poder convivir unidos sabiendo que  la  evolución personal y social viene de la mano de nuestra capacidad para la FRATERNIDAD

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