Imagen

CONCEPCIÓN ARENAL Y SU IDEA DE LA EDUCACIÓN

  

Concepción Arenal nació en El Ferrol, y muy pronto conoció la tristeza, ya que a los nueve años quedó huérfana de padre. A los quince se traslada con su familia a Madrid., y aunque no hay prueba documental, se cree que asistió a la Universidad como oyente, vestida de hombre para no llamar la atención, y que allí conoció a su futuro marido, unos años mayor que ella. El traje masculino, que utilizó sin alardes, le permitiría también acompañarlo a reuniones y cafés sin provocar escándalo. Se casó en 1848 y tuvieron tres hijos.

 Con su marido comparte ideales políticos y sociales, y con él colabora en diversas publicaciones.   Viuda desde 1857, se traslada a Asturias donde sigue escribiendo artículos y, en 1860, aparece su primera obra importante: La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad. 

En 1863 es nombrada visitadora de prisiones y se traslada a La Coruña, donde autores de la época la recuerdan con su sencillo vestido negro a la inglesa, incansable en la visita y el consuelo de presos, enfermos y necesitados. Con el Sexenio revolucionario su actividad pública crece.

 Recibe el encargo de redactar una ley de Beneficencia, colabora en la organización de la Cruz Roja y, durante la guerra carlista, dirige un hospital de sangre. Ella  a la vez que continúa escribiendo está entregada a su labor asistencial.

  La figura de Concepción Arenal tiene especial interés, no sólo por la lucidez de sus análisis, o por el hecho de ser una mujer que escribe de asuntos sociales en un tiempo y, sobre todo, en un tono, en que no era habitual hacerlo, sino también por uno de los rasgos más originales de su obra, que es el sentido práctico.

 Son muchas las virtudes de esta mujer excepcional: su sinceridad, su curiosidad intelectual, su amplitud de miras, su elegancia espiritual, su elevación moral y su generosidad sin límites, pero esto del sentido práctico es su principal valor, algo que escaseaba bastante en el momento en el que transcurrió su vida, donde era costumbre admirar a los oradores y charlatanes.

 Su pragmatismo se manifestó en ella como un rasgo particular de su carácter, pues, según nos cuenta la Condesa de Campo Alange, ya desde el colegio “prefería un zurcido bien hecho a un bordado inútil” lo que, pese a ser una alumna brillante, debió de atraerle más de una mirada de extrañeza por parte de sus maestras y compañeras.

 Sus escritos nos muestran la variedad de sus intereses: la cuestión social, el pauperismo, la situación de las prisiones, el papel de la mujer, la educación… De todas sus líneas de opinión y de pensamiento, la que hoy quiero acercar es la necesidad de dotar de conocimientos a toda la población sin distinción

Nunca fue una revolucionaria, pues detestaba la violencia. Era, en cambio,  partidaria de reformas pacíficas conseguidas mediante el acuerdo, la comprensión y la buena voluntad; además, tampoco tenía una idea demasiado elevada de la política, que le parecía, en la mayoría de los casos, un terreno poco limpio moralmente, lleno de componendas oscuras y a menudo vergonzosas.

Pero siempre se mantuvo firme y nunca tuvo pelos en la lengua para denunciar cualquier abuso y poner de relieve la pobreza, la injusticia, las desigualdades, la ignorancia, que ponían en tela de juicio la pretendida modernización de España. Su compasión ante el dolor humano es el punto de partida de todos sus estudios; una compasión que no se embotaba, porque su sensibilidad, a pesar de tantas miserias contempladas, se mantenía siempre fresca y alerta ante cada nuevo sufrimiento,

Todas las reflexiones y escritos  hacen alguna alusión a la educación y su importancia, hasta tal punto fue un motivo central de sus preocupaciones y un objeto de constante reflexión y empeño, que ambas cosas iban en ella unidas.

En cada una de sus obras se pone de manifiesto un aspecto diferente de la educación. Por ejemplo, en la obra La igualdad social y política y sus relaciones con la libertad, alude en diferentes ocasiones a la necesidad urgente de extender los bienes de la educación a todos los estamentos sociales, y ello por diferentes motivos.

Visualiza que las diferencias que separan a las clases son cada día más profundas y, siendo la educación el mejor agente  nivelador, nadie se cuida de extenderla al pueblo, de manera que la ignorancia y el analfabetismo van embruteciendo cada vez más a quienes los padecen, haciendo más difícil que salgan de ese abismo.

En cambio,  su opinión sobre los más favorecidos por la fortuna se describe perfectamente en esta frase: “la clase que se instruye, no sólo tiene la ventaja de instruirse, sino la de tener mayor aptitud natural para aprender”, y lo peor es que llegan a preciarse de ello y menospreciar a los que no han gozado de sus privilegios, como si su torpeza en el aprendizaje se debiera a una deficiencia de la naturaleza o a una decisión de la Divina Providencia.

Propugnaba que sin conocimientos, sólo se puede acceder a los trabajos más rudos, lo que hacia que al final la pobreza y la baja calidad de vida hiciera que  la ignorancia se añadiera a la enfermedad. Si los obreros fueran instruidos podrían salir de la pobreza porque obtendrían mejores salarios. Además el hábito de pensar les permitirá comprender mejor la realidad. Tendrían nociones de justicia, y podrían reclamar sus derechos de una forma eficaz y coherente,  a la vez que entendería la necesidad de cumplir satisfactoriamente sus obligaciones y compromisos, habiéndose desarrollado en él el sentido del deber. Por todo ello,  será consciente de hasta donde pueden llegar en sus reivindicaciones.  La pobreza de ideas es la madre del fanatismo  y de la violencia.

Concepción Arenal, que rechaza el sufragio censatario, algo totalmente opuesto al sufragio universal,  por parecerle una injusticia más, otro agravio que se añade a los ya soportados por la pobreza, opina, sin embargo, que es preciso limitar el ejercicio del voto a los que sepan leer y escribir. Según ella,  esto preserva el verdadero espíritu de la democracia, ya que, con la miseria e ignorancia tan generalizadas, “¿qué resultado dará el sufragio universal? ¿Qué es el voto del que no puede tener opinión? Y no la tiene quien carece de los medios de informarse adecuadamente o de formar su criterio.  

Por esta razón pensaba que el progreso sólo seria posible  y la libertad sólo seria duradera,  si la educación popular dejaba de ser un buen deseo para convertirse en un hecho.

Otra obra donde la educación ocupa un papel central es  La mujer del porvenir. En ella, parte del reconocimiento que la mujer está excluida de trabajos dignos. Sólo “se le reconoce aptitud para reina y para estanquera”, de forma que la desprecian y desconfían los mismos que deciden por ella. Y esa valoración negativa de la mujer se debe, principalmente, a su deficiente o nula educación. Esto acaba empujando a muchas a la prostitución, e induciendo a otras a matrimonios dictados por el interés, con las desastrosas consecuencias que pueden esperarse.

La falta de estímulo intelectual embota su inteligencia y agria su carácter; si es devota, cae fácilmente en la beatería; si es frívola, en el gasto inútil. Además, el hombre, con una vida mucho más rica, no podrá dejar de percatarse de la inferioridad intelectual de su compañera, por lo que no la considerará su igual, no buscará su opinión ni  su consejo, y es previsible que el tedio acabe debilitando muy pronto al amor que pudo sentir por ella. Por si fuera poco, una madre “poco ilustrada, acaso fanática o supersticiosa”, no puede educar bien a sus hijos ni hacerse respetar por ellos, no es capaz de inculcar en ellos rectos principios morales, y a menudo los perjudica y extravía.

Durante su vida tiene una visión clara de que  si en la sociedad se pudiera realizar tan solo una reforma,  debería optarse sin duda por una educación popular, que no sólo enseñase a leer y escribir malamente, sino a entender lo que se lee y a formar el criterio.

Dentro de su obsesión por difundir ideas que calaran en las clases mas bajas de la sociedad de aquella época y en las clases influyentes que cultivaban la lectura, a través de sus libros,  es defensora de la educación obligatoria para todos, y solicita una ley que la haga posible y realizable. Y no solo pide una escuela publica, si no exenta de política y de religión, nada de dogmas o cultos determinados. Una enseñanza pública, gratuita, laica general y obligatoria. Y eso que ella era una mujer de fuertes convicciones cristianas de donde siempre encontró la fuerza y el consuelo en sus momentos más duros.

Fue una precursora de la reforma educativa.

Tenía la visión de que la posición social no tiene nada que ver con la inteligencia. Las clases populares son aptas intelectualmente para adquirir cualquier género de conocimientos. Lo que hay que estimular es su voluntad de aprender, mostrando sus ventajas, y proporcionar los medios, es decir, tiempos libres, maestros y materiales didácticos. Y hacer compatible todo ello con la necesaria búsqueda de la subsistencia.

 Quiso que esa escuela tuviera amplitud de contenidos variados, prácticos y actualizados, menos horas y más años de duración, y que fuera idéntica para los dos sexos. Solicita que las grandes fábricas tuvieran locales destinados a este fin para los hijos  de los trabajadores, que anima a acercarse a las bibliotecas públicas a instruirse después de la jornada laboral.

Está hablando de las escuelas de adultos, que considera una medida útil, tanto para enseñar a los que no saben, como para prevenir delitos, conflictos sociales y políticos, huelgas y motines, pues no sólo son un factor de integración y socialización, sino que allí se enseña a debatir distintas ideas de forma tranquila e inteligente y a solucionar las cosas por la razón y los argumentos, no por la fuerza.

Termino así este breve recorrido por las ideas de Concepción Arenal respecto a  la urgencia y la importancia de la educación, que es  para ella una verdadera obra redentora sin la que no es posible la libertad y el progreso. .

Hoy en el siglo XXI, el concepto arenaliano sobre la educación para todos, sigue muy vigente pues  es fundamental y directamente proporcional a la globalización que vivimos todos los países. La defensa de verdad de la escuela publica, de la escuela gratuita, para todos por igual, sin diferencia de sexo ni de raza, para dar a todos las mismas oportunidades sigue mas vigente que nunca, aunque se tenga que luchar continuamente con la falsa concepción que una escuela privada o concertada dará mejor educación a un alumno que una publica y gratuita. Aun un siglo después, se sigue luchando por que esa escuela sea laica, que esté libre de dogmatismos, que las religiones queden en las vallas de los patios y no penetren donde todos nos reconocemos como iguales. Aun hoy, se sigue persiguiendo que nos culturicemos, nos eduquemos y hagamos sitio a la sabiduría del tipo que sea, pues ello nos ayudará a discernir y a pensar, a crear una opinión sobre todo lo que acontece. Meter la cabeza en el suelo nunca ayudó a nadie a progresar.

El método masónico nos lleva al mismo punto, nos lleva a crear opinión, a través de rituales, símbolos y herramientas. A discernir la realidad de la ficción, y también este método nos unifica a todas dentro del templo, donde no se nos distingue por nuestra clase social, nuestro conocimiento sobre las materias, ni sobre la religión que profesamos.

Aunque aquí todo es símbolo, todo nos lleva a un punto, la búsqueda de nuestra verdad, a través de la razón y el conocimiento.

 

He dicho 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s