Trabajos y pensamientos

  “Tirarle el hueso al perro no es caridad, caridad es compartir el hueso con el perro cuando se está tan hambriento como él”  Jack London

“La mano que recibe está siempre debajo de la mano que da”

   Proverbio africano

La caridad, como virtud teologal refiere de modo directo a Dios. Como masonas, y por tanto mujeres librepensadoras, acercarnos a la caridad sorteando las connotaciones de la religión que en muchas ocasiones se han convertido en prejuicios, puede llegar a ser un verdadero ejercicio de disciplina y rigor. Por tanto con el bisturí de la razón y las herramientas que nos facilita el propio método masónico nos lanzamos a un estudio de este concepto cuyo origen encontramos en la Charitas latina. Gratitud, gracias, gratuidad.

Hay varias posturas o líneas que se han manifestado en las hermanas de nuestro taller ¿Rehabilitamos la palabra Caridad y la incorporamos en nuestro ideario? ¿Es imposible esa rehabilitación dado el calado que ha tenido por siglos en nuestra sociedad que resulta imposible rescatarla del radio de acción de la Iglesia o las religiones?.  Hay que tener siempre presente  que la Iglesia se “apropió” definitivamente de ese concepto cuando se gestó el Estado de Bienestar y un nuevo concepto: el de “justicia social” a veces mediante un necesario cambio social vino a colmar una necesidad muy antigua: la dignidad humana.

Esa apropiación indebida del concepto por parte de la iglesia, en algunas de nosotras produce rabia por que de alguna manera nos ha robado lo más bello de la capacidad humana, el amor, la gratitud, la riqueza de tener dándose a uno mismo.A otras, esa apropiación no les parece extraña, no cabe esperar menos de una institución como la iglesia.

Pero si después de todo conseguimos deshacernos de connotaciones y prejuicios, rehabilitamos este concepto y reivindicamos la caridad como una virtud con raíces y tradición propias ajenas a la Iglesia, ¿no tendremos que estar constantemente  en la vida profana y también en nuestros propios talleres explicando lo que entendemos por Caridad y haciendo un esfuerzo, intuyo que a veces inútil, por establecer la distinción entre cómo nosotras entendemos la caridad y cómo la entienden los demás?

¿No será que ya es un concepto gastado imposible de rehabilitar?

Quizá es necesario ver y entender, debatir y diseccionar éste, para concluir que un taller masónico no es el lugar  para debatir sobre las virtudes teologales cuando nuestro carisma librepensador de construcción de un mundo más justo e igualitario, la sociedad misma, reclama no como masonas sino como profanas una atención cada vez mayor.

La Caridad está vinculada a Dios. El amor a Dios que es a los demás como a uno mismo.” Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. La Caridad es conferida según Juan Pablo II sólo por gracia divina, de modo que no valen los esfuerzos por ser caritativo si ese requisito no se cumple. Excluidos quedan muchos en este primer filtro.

Es un don espiritual, no es un acto de sentimiento benéfico. No es adquirida por el esfuerzo humano. Quien ha perdido la virtud sobrenatural de la caridad ha perdido el estado de gracia aunque posea aun las virtudes de esperanza y fe. La caridad es la virtud teologal más importante y es superior a cualquier otra virtud.

Pero, ¿no es una virtud? ¿Es un don o una virtud en sentido socrático?

El objeto de la caridad es Dios. Y se ama primero a Dios y por añadidura a nuestros semejantes, incluidos nosotros mismos. Por tanto es necesario amar a Dios para ser caritativo.¿O una persona que no profese la religión cristiana no puede ser caritativa? ¿Hay mucho caritativo con un falso amor hacia Dios? ¿Acaso hay entonces diferentes formas de ver a Dios? ¿O hay un solo dios visto de mil formas?….

¿Siempre que ayudamos a nuestro prójimo estamos siendo caritativos? ¿Son caritativos pues bomberos, policías, médicos o trabajadores sociales?  Una religiosa que condena y humilla a su alumna dolorida porque sus padres se han divorciado y por tanto ya no es parte de una familia normalizada dista bastante de ser caritativa. Pero sin embargo es una fiel sierva de Dios.

En cualquier caso, la Caridad nunca debe ser el lavamanos de Pilatos donde podamos limpiar nuestra conciencia, eliminando de una manera tan vil nuestros errores y aun peor, confiando que así enmendamos los males de los que el mundo adolece. No puede ser, como lo es muchas veces, un escondite de la conciencia intranquila o un frenesí del creyente hipócrita por salvarse, sin buscar la profundidad de las razones de los problemas.

Sin pretensiones de acusación alguna, ¿nos hemos preguntado por si hacemos todo lo posible por ayudar al necesitado? ¿Hemos dado un plato de comida caliente a algún indigente preocupándonos por sus problemas? ¿Hemos conversado con ellos? Esto, que  es la práctica de la solidaridad es clave para diferenciarla de la caridad.

El ser humano es social, y además tenemos una cualidad importante que es la empatía, habilidad para reconocer y comprender los sentimientos de los demás. En cierto modo es un acto de amor, pero ¿está necesariamente ligada a Dios? ¿Por qué la religión se apropia de lo mejor del ser humano? ¿Por qué nos arrebatan la verdad dejándonos desnudas ante nosotras mismas?

La caridad está desprovista de toda pretensión, de toda idea de bondad ensalzada por el ego. El corazón y la acción se unen en el ejercicio de la misma, la materia y el espíritu permanecen unidos al ejercerla. Es dar dándose a sí mismo. No es dar lo que nos sobra como hacen algunos hipócritamente para que nos vean y nos digan qué buenas personas somos.

En nuestras logias, la figura de la hospitalaria representa a la logia en el ejercicio de la solidaridad. ¿Pero también lo es de la caridad? ¿O simplemente es una función más como persona integra que es?.

La caridad es una de las alegorías que decoraban los templos de la masonería de adopción. Una vez más se estaba  atribuyendo a las mujeres una función que se entendía como propia de ellas. Así lo fue en la sociedad en la que la Iglesia católica dirigía las virtudes teologales para que fueran practicadas mayoritariamente por las mujeres. Seres sumiso, dóciles e influenciables. Pero no todos….

Hoy en día no existe la masonería de adopción,  las mujeres  no han de asumir en exclusividad ninguna función y la caridad puede ser cuestionada con plena libertad. Un largo camino que han recorrido juntas muchas mujeres. Nosotras, en particular como masonas unidas en fraternidad debemos continuarlo.

Otra acepción para la caridad seria la descripción de la palabra ágape que proviene del griego y significa amor y amistad. Con el paso del tiempo, los primeros cristianos la tradujeron al latín como Charitas, que significa caridad. De ahí la palabra ágape para designar las cenas fraternales que realizaban para asistir a los más necesitados facilitándoles comida para suplir las carencias alimenticias o el hambre.

No podemos obviar lo especial que es para nosotras el momento del ágape. Quizá su sentido más profundo se ponga de relieve y tengamos la oportunidad de recuperarlo como masonas y gracias a la masonería.

Tenemos una palabra para designar el amor al ser humano y hacer el bien por el bien mismo: la filantropía. ¿Porqué la llaman caridad cando en realidad quieren decir filantropía? Tenemos una palabra para designar la colaboración mutua entre las personas, que permite la fraternidad y el compartir experiencias desde el respeto y en un plano de igualdad ¿por qué algunos se empeñan en quedarse en la caridad pudiendo ir más allá existiendo la solidaridad y la fraternidad?

En definitiva y como conclusión, toda masona debe practicar la caridad, la solidaridad y el socorro al prójimo, independientemente de nuestro estado de ánimo, ya que en el momento de nuestra iniciación juramos el auxilio al hermano o a la hermana sin mirarnos a nosotros mismos, ya que siempre hay personas que están en peor situación que nosotros y nosotros tenemos los medios para poder superar esas situaciones con esfuerzo y trabajo independientemente de nuestras creencias o de si las tenemos o no.

 

 

¿Que fue antes el huevo o la gallina? ¿El integrismo empieza cuando estalla la bomba o cuando se paraliza la razón?

El resultado es el mismo. Cuando una persona es fundamentalista o integrista, es intolerante. El integrismo por querer defender su postura pura y ortodoxa en lo que considera la propia tradición, religión, política o cualquier otro ámbito, se convierte en corriente discriminatoria y por tanto intolerante, incompatible con los principios de libertad, tolerancia, igualdad y fraternidad a los que anula y  castra como bien común, ya que la defensa de lo personal se posiciona sobre la defensa de lo plural. Por tanto el integrismo está desterrado de la mente de una persona librepensadora.

Del mismo modo que lo debe estár el dogmatismo y como ciudadanas debemos luchar contra este candado de la mente. Y para ello tenemos las herramientas de la razón, la fraternidad, y la libertad de pensamiento que son las que nos tienen que acompañar siempre. No es solamente que no se gane nada creyendo algo que no es cierto, sino que también se tiene todo que perder cuando se sacrifica la herramienta indispensable de la razón en el altar de la superstición.

El integrismo empieza cuando se congela el pensamiento y por esa razón, se encuentran miles de excusas para hacer explotar una bomba, siempre en nombre de algo, de alguien o de lo que una cree que es lo único.

Es el dogma el que paraliza la mente y la razón. Pensar, reflexionar desde una idea desmembrándola en sus proposiciones lógicas es un razonamiento. La razón es una herramienta del pensamiento crítico que limita la verdad de una afirmación de acuerdo a las pruebas estrictas del método científico. Para que una afirmación pueda considerarse como cierta debe ser comprobable.

En el siglo que nos ha tocado vivir el integrismo nos acosa por muchos canales más o menos subliminales. Todos nos dicen que, como y cuando debemos pensar y que cosas hacer. Mientras la sociedad sea una réplica de todos estos dogmas, mientras lo importante sea poseer antes que reflexionar cuales necesitamos y cuales son manipulaciones, estaremos actuando como integristas en la sociedad actual. Los dogmas han cambiado, puede que ahora el dogma se centre en otras cuestiones que no son religiosas, si no consumistas y económicas. De parecer o tener, más que de ser. Y esto también es una bomba que puede estallar en nuestras manos, como así parece que ha ocurrido en esta última crisis mundial económica. Se nos congeló la razón.

Los ciudadanos librepensadores siempre han sido humanistas, y basan la moralidad en las necesidades humanas, no en “absolutos cósmicos” imaginarios. Esto incluye respeto a nuestro planeta incluyendo a los otros, a los animales y a los principios feministas de la igualdad. El integrismo es en sí mismo es una bomba. Una bomba genera integrismo, como el integrismo genera un pensamiento congelado y así hasta el infinito. Es una estructura circularmente “triangular”.

La masonería dispone de un método para poner en tela de juicio cualquier dogma que se nos presente. Es una escuela de formación del ciudadano y además promulga la razón y la laicidad. Es mediante su método por el que una persona puede convertirse en librepensadora. Es su exteriorización la que puede enviar una luz en el fondo oscuro del pozo del fanatismo y el dogmatismo integral.

Nosotras que tanto valoramos el saber, el conocimiento y la razón sabemos que la ignorancia  no siempre es fruto de la incultura. Hay muchas personas  cultas tan integristas en su razón como el que es presa de la ignorancia, unos por defecto y otros por exceso se aferran a su verdad, a su realidad, cada una basada en cosas distintas, puede ser un dios en unos casos o una razón científica y económica en otros.

Todos los integristas, sean musulmanes, judíos o cristianos,  tienen algo en común: están unidos en la tentativa de crear la división, la lucha, el racismo y el sexismo. De “congelar los espíritus” más que los pensamientos creando un enemigo imaginario.  Contra el pensamiento congelado hay que actuar con audacia. Romper esta parálisis “cerebral”, o acabar con el “pensamiento congelado” que es lo mismo, Se exige desmantelar estas inercias del pensamiento, no sólo con otras ideas que las refuten, sino con una mirada y una actitud diferentes.

Esta última idea es bastante cercana a lo que significa la masonería para nosotras. Educación y aprendizaje. Este esfuerzo no puede ser individual sino producto de colectividades. Requiere la interacción entre narrativas y acciones ejemplares. Requiere audacia y más audacia.  Lo más importante es la  libertad, ya sea ideológica, cultural o social La ausencia de discriminación culmina nuestras aspiraciones de igualdad entre todos los seres humanos y el enriquecimiento mutuo de nuestras diferentes peculiaridades. De este modo podemos convivir unidos sabiendo que  la  evolución personal y social viene de la mano de nuestra capacidad para la fraternidad.

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